Pensarse como un empresario supone un trabajo personal y laboral. Es fundamental verse a uno como el gerente de la empresa. Esto se vuelve especialmente difícil para quien se considera un artesano, más acostumbrado a trabajar con las manos en forma artística que a administrar un lugar de trabajo, pero el rédito económico que se busca obliga a asumir funciones nuevas. Por eso, hay que ser honesto con uno mismo y realizar un autoanálisis profundo de las virtudes y defectos propios. Hay quienes saben fabricar objetos lindísimos, pero no venderlos. Otros, por el contrario lo que mejor hacen es convencer a los demás sobre las bondades de sus productos.

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